jueves, 31 de agosto de 2017

Agosto agotado

La última tarde de agosto se ajustó el ojo de cristal, la pata de palo y fue a bañarse a Los Baños. En la playa, apenas si quedaban ya bañistas cuando el mar sí comenzaba ya, muy de a poco y sin perder calma, a perder su outfit azul marino. El hombre del ojo de cristal y la pata de palo se mojó con brazadas secas. Nadó como si nada hasta orillarse lejos de la orilla. Dejó rápidamente atrás la parte en que haces pie (aunque sea de puntillas) y también el largo y oscurecido dique al final de la cala. Acostado frente a la costa, igual que naufragado o como quien juega a muerto, pero siempre anclado a su pata de palo, el hombre del ojo de cristal y la pata de palo se dejó flotar bocarriba, a la deriva. Más allá de Los Baños, ya no era posible distinguirlo, horizontal contra el horizonte. De noche, en algún punto mar adentro, debió de ver la primera estrella: salada y fugaz. Seguida enseguida de la segunda y después de otra y tantas otras más. Tocado por las estrellas, imagino, el hombre del ojo de cristal y la pata de palo se estrelló en el último cielo de agosto agotado.

martes, 27 de junio de 2017

(en) una noche de verano

Una vez (en) una noche de verano llovieron tantas estrellas que la sombrilla jugó a ser paraguas y tu playa, (el) cielo. Acabábamos de ver cómo el último avión (llegado) desde el continente aterrizaba (en sus alas) las primeras luces sobre la ciudad. Y tú, con tu cámara siempre a mano por nada, para todo: fotografía del atardecer, de aquellos dos hangares, de nosotros juntos y tras la pista del aeropuerto mientras detrás se nos cae el sol (casi) encima. Ahora es una foto de mí, de espaldas, caminando (contigo) hacia la playa. Allí, extenderemos la toalla (amarilla), nos sentaremos y descorcharemos esta y otra (y también otra) cerveza. Porque querrás brindar con cada (penúltima) estrella fugaz, centelleante, casi invisible una vez, (en) una noche de verano.

domingo, 18 de junio de 2017

She (con permiso de Elvis Costello)


Tras tanto, tu dirías “tantísimo”, la primera noche que volví a soñar con ella pensé en nosotros, en las casualidades, en nada y en que todo pasa, en que al final siempre se pasa. Pero con la segunda y después de la tercera noche seguida me fue muy difícil creer. Y, a la cuarta, dejé el cuarto. Hasta que, irremediable, la pesadilla de un mes entero soñándola me derivó al médico, que en realidad era ella, disfrazada. Enseguida reconocí su voz, esa forma tan suya de decir “lo siento”. Aunque hice caso y tomé toda la caja de pastillas color sus ojos. Así empecé a verla también de día: en las calles, detrás de los escaparates, ahora subida en este vagón, esperándome debajo de cada vaso y de madrugada oigo su risa, inalcanzable al otro lado de la almohada. Incluso ha vuelto a llamarme por teléfono. Tan como antes, tan ella, tú dirás “tantísimo”, que no sueño.

jueves, 18 de mayo de 2017

Pide un deseo

Que quien más quieras y quieres te dé un beso enorme esta noche. Y que mañana, después de haber soñado tu mejor sueño, te despierten con otro bien grande, de todo corazón. Ojalá que esa ducha tras levantarte sea larga, el pan crujiente y tu taza de café doble te sepa a doble gloria. Que no encuentres atasco en tu camino al trabajo pero sí aparcamiento, a la primera y junto a la puerta de entrada. También muchos buenos días. Que a cada paso te reciban otra nueva sonrisa y un te quiero. Para que así mañana todo sea tranquilo, feliz y perfecto cuando te pongas tus guantes de hacer magia y entres a quirófano.

A los ángeles del hospital, ¡gracias!

miércoles, 5 de abril de 2017

Nuevo

Ahora vivo en un barrio nuevo. En una casa nueva, donde las puertas, de color amarillo, las paredes, también amarillas, y hasta las ventanas y su luz coloreada, casi amarilla, son nuevas. Incluso la calle, que se derrama del otro lado del cristal, tan amarillo, parece nueva cuando desde esta ventana, muy pronto aún por la mañana, te veo pasar calle abajo. Veloz, elástica, con tu sombrero amarillo nuevo. 

lunes, 20 de marzo de 2017

S.E.R.(de tu ciudad)

"Contempla toda la luna nueva. En su superficie, por fin encuentra el blanco que busca. Es perfecto. Anota las coordenadas. También la hora. El dedo ya se le dispara. Explota de puro entusiasmo. No hay duda, al hombre del S.E.R. le encanta multarte."

domingo, 12 de marzo de 2017

Hasta mañana

Sara sube al 27 en Rubén Darío y ya se baja, de la mano de Botero. No tenemos mucho tiempo. Apenas tres paradas y dos semáforos esculpidos todo al rojo. Como el jersey que viste Sara esta mañana que le cedo ventana para ver qué ve por encima de sus grandes ojeras de ojos grandes, aún casi dormidos. “¿Mala noche?” “Pero peor día”. Y como cada día, de lunes a viernes, sonreímos hasta que, no sé... De repente, las piernas quieren rozarse y los pies, tan sólo escapar. Es la próxima, anuncia el autobús. Bajo el sol de marzo, Botero que nos saluda. Y nos despedimos: hasta mañana.

mano-botero

jueves, 9 de marzo de 2017

Papel mojado

20 años después y Los tres mosqueteros uno junto al otro, lomo con lomo, sobre la cisterna del váter. En el lavabo, Robinson Crusoe, El Aleph de Borges y un poco de espuma de Moby Dick. Lolita dentro de un cajón para cremas. En el de al lado, donde el secador, Piglia. Mi Estrella distante, justo entre el hueco chileno que trazan dos toallas amarillas. Y también muy cerca, Corazón tan blanco, Drácula, la obra completa de Conan Doyle, una segunda parte del Quijote y hasta Rayuela, en varias ediciones. Porque Brenda guarda en el baño sus libros. Todos ellos. Ahí tiene su biblioteca, me cuenta orgullosa. Precisamente ahí, sigue diciéndome, mientras se peina, se lava los dientes, la cara, maquilla o desmaquilla, o incluso cuando hace lo que tan sólo se hace en el baño, y veo como ahora me guiña, en esos momentos Brenda siempre recurre a su biblioteca: mira sus libros, piensa en ellos, les acaricia el lomo, hasta que finalmente (inevitable, confiesa) vuelve a leerlos. Una lectura fragmentada la de Brenda, miope, como sin aclarar todavía. Al final, las páginas se acaban doblando, cuando no empapando, a causa de la humedad y la tinta coge color invisible. Por eso, a veces, Brenda recita frases que ya no están en ninguna página. Y, de repente, el pelo rebozado entero en champú, se acuerda de Philip Roth y su Goodbye, Columbus “con los ojos acuosos, aunque no por el agua”, que el desagüe ya ha borrado.