domingo, 28 de diciembre de 2014

Amarillo


Encendido el luminoso es de un amarillo vivo, intenso, como las farolas que alumbraban cada tarde nuestro deambular. A ella le encantaba pasear y a mí acompañarla. Caminar es desprenderse, me decía con la mirada perdida en el mar de terrazas y escaparates, desprenderse y dejarse atrás, volverse ligera. Salvo excepciones, el recorrido y los días de la semana no variaban: lunes, jueves y viernes, ida y vuelta a lo largo de la extensísima avenida que vertebra la ciudad. Ella nunca se quejaba del ruido ni del humo negro de los automóviles, ése que a mí me hacía toser y esconder nariz y boca detrás de una mullida bufanda. Durante estos paseos hablaba sin parar. Así me contaba qué libro leía en esos momentos y cuál pensaba leer luego o qué novela le habían recomendado pero resultaba imposible encontrarla. Su otra pasión asomaba cada tarde cuando pasábamos por delante de la panadería del luminoso amarillo. Entonces ella franqueaba la puerta sonriente y, tras saludar al dependiente, repasaba cada pastel del mostrador con ojos muy atentos. ¿No lo hueles? Me encanta este aroma. Y yo no olía nada por más que me esforzaba. A su lado, la observaba inclinarse con mimo sobre el cristal y decidir, o intentarlo, entre un dulce y otro, y la posición que adoptaba su cuerpo liberaba la melena que siempre llevaba recogida bajo el cuello de su abrigo, dejándome por momentos embobado al verla caer libre hasta mitad de espalda. Y luego salíamos fuera y sentados en un banco dábamos cuenta de la porción que ella había elegido mientras esperábamos a que el luminoso se encendiese con su puntualidad de siempre. Cuando retomábamos la marcha ya era de noche y la conversación adquiría largas pausas, por alguna razón se volvía más lenta conforme nos retirábamos del haz de luz amarillo. La acompañé por última vez sin saber que se trataba de nuestra despedida. Ojalá fuese todo tan sencillo como caminar, dijo antes de darme un beso y subir a casa. Desde el portal vi cómo cubría el primer tramo de escaleras. Un paso tras otro, un paso tras otro, repetí a voces cuando no oía más que el eco de sus tacones, pero no obtuve contestación. Durante largo tiempo recordé estos paseos, con lujo de detalles reviví cada uno de ellos, en especial el último, hasta que un día la memoria comenzó a difuminarlos. Y de pronto toda ella fue diluyéndose, haciéndose invisible, y una noche comprendí que ni tan siquiera recordaba su mirada; tan sólo me quedaron aquellas pocas palabras y vivencias que hace años puse por escrito. Hacía mucho que no pensaba en nada de esto, pero anoche sonó a última hora el teléfono y el pasado se tornó presente. Y esta tarde la espero junto a la panadería, sentado en nuestro banco. Ya no vive donde solía, así que acordamos vernos aquí. Ahora pasan unos segundos de las siete y cuarto. Cierro los ojos aunque no consigo verla. Únicamente me vienen a la memoria los cientos de libros que he leído desde entonces. Pienso que de tanto caminar he terminado desprendiéndome, dejándome atrás, y durante unos segundos esta idea me hace sentir mejor, ligero. La bufanda me rodea el cuello. Ella llega pocos minutos después. Ya es de noche cuando nos abrazamos y el luminoso encendido conserva su vivo e intenso color amarillo.

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domingo, 21 de diciembre de 2014

El último entre los últimos shows sobre la Tierra


Crónica del concierto de Enrique Bunbury en Madrid / ‘Palosanto Tour’

De riguroso negro y portando gafas de espejo, surgido del cegador rayo lumínico de un platillo volante, Enrique Bunbury aterrizó anoche en Madrid para firmar el último concierto de la gira Palosanto, exitoso tour con el que ha recorrido España y Latinoamérica durante 2014. Era palpable el aroma a despedida en los minutos previos a la actuación de ayer, y es que en fechas recientes el cantante zaragozano ha hecho pública su intención de no subirse a los a los escenarios en 2015 para dedicarse a proyectos diversos. De modo que el numeroso público congregado en el Palacio de Deportes de la capital se entregó con devoción a su ídolo desde el primer momento, dispuestos los seguidores de el extranjero a disfrutar de una inolvidable velada antes de la prolongada ausencia.

martes, 16 de diciembre de 2014

Crítica de cine: 'St. Vincent'


St. Vincent: cuando Bill Murray llama a las puertas del cielo

“Nunca harás de mí un santo”, se jactaban con descaro Sus Satánicas Majestades, los Rolling Stones, en un tema de su álbum Bridges to Babylon. Bill Murray tampoco parece llamado a seguir un camino de santidad. Su cinismo, visceralidad y ácido sentido del humor, así como su rostro inexpresivo, esas características que lo han vuelto inigualable (véase en Youtube el discurso de aceptación del Globo de Oro en enero de 2004, ¡portentoso!), alejan al legendario actor (Ed Wood, Lost in translation, Los Cazafantasmas y casi todo lo que ha rodado Wes Anderson) de esas puertas del cielo que describió Bob Dylan para el cine de Sam Peckinpah (Pat Garrett y Billy The Kid).

Navegando a las órdenes de Conrad


Conrad escribió El corazón de las tinieblas y no habría necesidad de decir más. ¿Pero quién fue Joseph Conrad? Según el párrafo introductorio que le dedica Wikipedia, Conrad fue un novelista polaco (aunque Berdyczów pertenece actualmente a Ucrania) que “adoptó el inglés como lengua literaria, cuya obra explora la vulnerabilidad y la inestabilidad moral del ser humano; se le considera una de las grandes figuras de la Literatura Universal”. Sin embargo, esta información me parece del todo insuficiente, por lo que recurro (y cito) a las Vidas escritas de Javier Marías (auténtico artífice de este Polisemias, sólo reproduzco sus líneas) para indagar en las andanzas y el carácter de un viejo lobo marino que pasó sus últimos treinta años en tierra firme, llevando una existencia la mar de sedentaria.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Bufandas para el invierno (relato)


No se llamaba Leonor, aunque se aparecía en mis sueños cada noche y me dedicaba las más dulces palabras. Y esa madrugada de invierno, arropado por la sábana y varias mantas, a punto ya de caer dormido, ella comenzó a hacerse visible frente a mis ojos cerrados: vestía de amarillo, rostro cincelado en seda. Sabía lo primero que dirían sus labios pero de igual forma me coloqué a su vera, vi que con una mano se cogía la otra, para disfrutar de aquella encantadora voz: Zzzzzzzzzzzz. Un zumbido; había proferido un zumbido y, cuando aún no había salido de mi extrañamiento, ella lo repitió y esta segunda vez el sonido fue más largo: Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.

martes, 2 de diciembre de 2014

Crítica de cine: 'Trash'


TRASH-tadas de unos zagales bienintencionados

Me preocupaba que el tornado de la víspera, esa violenta tromba marina que sacudió Málaga la mañana del jueves, hubiese lanzado por los aires las 18 salas de cine. De modo que pregunté asustado a la robótica taquillera: “¿Dos para Trash?”. Ella desencajó la quijada como Al Pacino en Tarde de Perros o como el mismo Pacino en Glengarry Glen Ross y confieso que su exagerada gestualidad no me brindó calma.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Distracciones fotográficas (relato)


Se encuentra en el acto de lanzamiento de su primera novela y las cosas no podrían irle mejor. Acaban de presentarle a una prometedora fotógrafa y juraría que se ha enamorado. La librería rebosa público y todo lo que oye son aplausos, vítores y halagos para él y su obra. Entonces uno de los asistentes abandona su butaca y lo descalifica a gritos: Falso, copión, puto sinvergüenza; robaste mi historia. La acusación de plagio dispara la tensión entre el respetable.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Relato: Ciudades


La taza espera cerca de los labios. Es la tercera vez que Marta intenta dar un sorbo que nunca llega, retrasado por las continuas risas. Qué cara ha puesto, madre mía, y vuelve a proferir una gran carcajada. Juan, sentado a la mesa frente a ella, la observa y ríe contagiado. Ese camarero jamás había visto a dos glotones así, acierta a pronunciar de forma entrecortada mientras deja caer sus gafas para secarse las lágrimas. Marta descubre que ella también está llorando y eso hace que ría de nuevo. Menudo par, susurra cuando se calma. Ambos quedan unos instantes en silencio y ahora sí consiguen beber, aunque muy poco porque al mirarse no pueden contener otro arranque de risotadas.

martes, 11 de noviembre de 2014

La mala estrella: George Simenon y los aventureros fracasados


Jamás lo he hablado con él pero siempre me he preguntado por qué mi padre compró aquel libro. No es una de las novelas famosas de George Simenon, ni tan siquiera resulta medianamente conocida entre sus cada vez menos numerosos seguidores y, además, en ella no hay ni una mención a su mejor personaje, el celebradísimo inspector Maigret. ¿Entonces por qué se hizo con él en Madrid? ¿Qué le impulsó a comprar ése y sólo ése, y por qué no ningún otro de la colección? ¿Acaso no quedaban más? ¿Qué entrevió o vislumbró en esa obra? Si adivinó algo tal vez ya no lo recuerde, ha llovido mucho, y en esta vida nos protege el olvido, no la memoria.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Días ordenados


Inició su día por la noche. Con gusto devoró a solas una generosa cena. Luego se dejó ir hasta la tarde, momento en que se permitió disfrutar del mejor café acompañado por una buena lectura. Como no quería dejar lo más trabajoso para el final, decidió entonces afrontar su mañana y el obligado turno en la oficina. Tras horas largas y tediosas no comió sino que desayunó mientras, de fondo, escuchaba la radio. Dejó el almuerzo para el desenlace de la jornada. En ese punto comprendió lo inútil de todo aquello. Y es que el orden de los factores no altera el producto. 

martes, 4 de noviembre de 2014

Acerca de un escritor zombi


No escribió nada de valor hasta que una mañana de invierno hundió ambas manos en su pecho y se arrancó el corazón. La ausencia de aquel peso, esa sensación de sobrecogedora nada, y la estrafalaria visión de aquel órgano latiendo ante sus fascinados ojos le inspiraron para dar forma a un contundente relato que semanas después de su concepción ganaría el certamen de texto breve más reputado de la ciudad, ‘La antena del picudo rojo’. Y así, tras un acto de furiosa insensatez, empezó su extraño y efímero ascenso a la gloria literaria.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Lluvia de mierda (micro-relato)


Arriba se ha mudado abajo. Es tu insomnio el que no me deja dormir. Desde la almohada lo vivido se convierte en soñado. Y empapado hago guardia frente a tu casa. Como manecillas de reloj, doy vueltas. Pares de ojos silenciosos espían tras las ventanas. Sal y protégeme de la crecida de las aguas. Pon del revés tu paraguas, escapemos de esta lluvia de mierda que cae del suelo.

martes, 28 de octubre de 2014

Crítica de cine: 'El juez'


El juez: Dos Roberts golpean mejor que uno

Me encanta el olor del napalm por la mañana, una vez estuve a punto de alistarme pero cambié de parecer en el último momento al descubrir que el coronel Kilgore y la mismísima Apocalype now no seguían en activo. Qué le voy a hacer. Así soy. Oigo Robert Duvall y se despierta en mí lo místico, un no-sé-cómo-llamarlo que sólo aflora con apellidos como Pacino, Hoffman o Newman. En menor medida, hay distancias insalvables, me produce un efecto similar el término Downey Jr., de nombre también Robert y protagonista, entre muchas otras cintas, de Kiss Kiss Bang Bang y Chaplin (ojo al orden de aparición que no es casual). De modo que cuando llega a mis oídos que estos dos ilustres tocayos han grabado una película juntos siento la llamada del cine y no me queda otra opción que acudir presuroso a la proyección más cercana, y es que una cosa tengo clara: si alguna vez acabo siendo un capo de la mafia (y nada resulta por completo descartable en esta vida), mi consiglieri tendrá los rasgos, la presencia, el saber hacer y hasta la persuasiva voz del eficiente Tom Hagen en El padrino de Coppola.

Pero de estas líneas se espera una crítica (medianamente sensata o cuerda) del estreno mayhemero de la semana: El Juez. A ello voy.

lunes, 20 de octubre de 2014

Noches de viernes


Mecido por la música, flota en espirales de humo gris, azul a ratos. Ante ti, la fe, tu copa y un cenicero. Cómo no reconocer esa sensación, qué nombre darle. Toco el piano, te dice. Resulta encomiable, lástima que lo hayas oído demasiadas veces. Te sobrepones y esbozas para ella esa sonrisa de viernes por la noche. Tan estimada se siente que de su boca escapan nuevas palabras como fantasmas, cristal o caricia. Sin tiempo para atraparlas, se evaporan en el aire viciado del bar. Desde lo alto de la banqueta de la que se ayuda, afanado en derramar pétalos ligeros como gotas de lluvia sobre cada mesa, el camarero también ha de verlas esfumarse entre notas y ruido. Tal vez él sí sepa ponerle un nombre a este momento, te consuelas mientras observas que entre aplausos va de conocido en conocido, felicidad hecha carne y hueso.

martes, 14 de octubre de 2014

Mama y su salón de los sueños: Dylan, en el enredo


¿Qué hubiera pasado si nos hubiésemos casado, Bob?, y los cámaras pestañean de incredulidad mientras tratan de reponer el rollo de película para no dejar nada sin filmar. La que pregunta, vestida de blanco, rasgos católicos en su rostro, es la cantautora norteamericana Joan Baez y el interpelado no es otro que Bob Dylan, el bardo de Duluth (Minnesota), el hombre que robó unos cuantos discos y huyó al Village neoyorquino, desde donde reescribió la Música. La escena en cuestión ocurre, más adecuado sería decir que ocurrió, un siete de noviembre de mitad de los setenta en un establecimiento llamado el Salón de los sueños, recogido bar de comidas (ubicado en el remoto Beckett, Massachusetts), antiguo burdel, perteneciente a una mujer gitana de ochenta años muy peculiar conocida por todo el vecindario como Mama. Pónganse cómodos, van a disfrutar con esta historia.

martes, 7 de octubre de 2014

Copas (micro-relato)


Hay noches en que bebe hasta recordarla. Con las últimas gotas de cada copa atrapa más y más su fantasma. Justo antes de quedar dormido y sumirse en sueños etílicos de los que sólo escapan palabras entrecortadas, sus ojos miran atrás por última vez y entonces inevitablemente creo que ella va a estar ahí, detrás de nosotros. Y de alguna forma así ha de ser, aunque yo no pueda verla, porque él la siente tan real, tan viva, que siempre alza un brazo y le pide que se nos una.     

viernes, 3 de octubre de 2014

La casa de Anton Faste


Se hacen extrañas amistades esperando. En aquella época el trabajo me obligaba a desplazarme cada día más de cien kilómetros y, como carecía de coche propio, cogía el autobús. El horario de los buses no solía ser más que una estimación, de modo que habitualmente pasaba largos ratos tirado en la estación. Allí me dedicaba a leer, a mirar el trasiego de los viajeros, a pensar; a no hacer nada, en realidad. En una ocasión se acercó hasta mi banco un hombre que dijo llamarse Anton Faste. Parecía extranjero, parecía mayor. Sus manos eran de hueso. Sus ojos, muy pequeños, como puntos en mitad de un texto. La falta de descanso lastraba sus hombros, caídos de forma asimétrica, más el izquierdo que el derecho. Vestía traje gris raído y, mientras me contaba la historia que aquí narro, juraría que vi los surcos de su chaqueta acrecentarse, hacerse más hondos, igual que las arrugas de su rostro. Se marchó en cuanto concluyó su relato. Y no volví a verlo hasta la pasada noche cuando soñé con él, que no con su recuerdo.

martes, 30 de septiembre de 2014

Fantasmas de papel, en busca de la literatura indeleble


Tengo un amigo que a diario anota por escrito cada cosa que le acontece y, además, lo hace en el reverso de los extractos que le llegan procedentes del banco. No se trata de un recordatorio o lista de tareas pendientes, tampoco pretende llevar un diario personal, en el más riguroso de los sentidos, sino que este peculiar comportamiento responde a su obsesión por el paso del tiempo el cual, según él, se escurre entre las manos para jamás volver. De modo que, temeroso de la desmemoria, mi amigo corre a casa tras cada suceso y allí apunta de forma aséptica el hecho en cuestión, convencido de que así lo está salvando del olvido, de que seguirá ahí cuando quiera o necesite recuperarlo (¿alguna vez necesitará recuperarlo?), cuando sus ojos miren atrás en busca de recuerdos ya difusos. Entonces, llegado ese momento, él recurrirá al dorso de sus extractos bancarios; me dice orgulloso.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Relato: El peor


Soy el peor y por eso muero. Deambulo sin razón a través de los fantasmas de la última noche. Desde hace semanas siento en el pecho, medio palmo por encima del corazón, las punzadas arrítmicas que habrán de ponerme fin. Los ojos cerrados no maquillan el dolor. Cuando entorno los párpados y caigo al suelo, diría que floto. Jamás los abriré de nuevo.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Hilo telefónico


Aquel teléfono era adicto a las desgracias. Cada llamada introducía en la casa el fantasma de otro que dejaba el mundo. Los finados se sucedían como los timbrazos en una línea muerta. Al otro lado del hilo, Juan perdió familiares, amigos y conocidos. Todos fueron víctima de la parca telefónica, desterrados al olvido de la memoria.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Electrodoméstico


Un día simplemente no pudo más. Aquel joven y sano individuo se cansó de batallar. Se rindió y nadie sabría decir qué porcentaje de culpa en el derrumbamiento tuvieron factores como el desamor y la imposibilidad de encontrar trabajo. En cualquier caso, la idea de abandonarse a los erráticos latidos de una crisis existencial le sobrevino cuando se hallaba comprando en Carrefour. Temió echarse a llorar en mitad del pasillo reservado para los lácteos, por lo que huyó a la desangelada sección de electrodomésticos. Encontró un hueco entre dos lavadoras de última generación, de ésas que después de cada lavado depuran el agua y no hacen daño al medio ambiente, y allí se sentó.

domingo, 24 de agosto de 2014

El abrecartas (una historia típicamente norteamericana)


Jack Johnson es un niño norteamericano que juega a los piratas y fantasea con llegar a convertirse en un gran corsario. Con su sable, un abrecartas dorado regalo de su padre, roba botines imaginarios y surca mares de papel. Una tarde de lluvia el señor Johnson se va y no deja tras de sí nada más que recuerdos y el preciado abrecartas. Muchos años después le toca a Jack el turno de ser padre y por eso se casa. Lucy es preciosa. Tiene un ojo de cada color, azul y verde, y trabaja a media jornada en una tienda de mascotas. A Jack no le gustan los animales aunque recurre a ellos cuando no sabe cómo caracterizar uno de sus personajes: Tiene orejas de lobo o babea como un perro, son algunas de las expresiones que suele utilizar.

lunes, 14 de julio de 2014

Relato: El corrector

imagen del relato el corrector, propiedad de unsplash.com, libre de derechos de autor

'El corrector' es un relato extraño y absurdo, aunque muy divertido. ¡Te animo a leerlo! Dice así:

Me lo presentaron durante una comida y ya no pude despegármelo. Es el corrector profesional, comentaron, lo hemos contratado para que retoque tus textos antes de ir a imprenta. No me dijeron su nombre. Le tendí una mano. No la estrechó. Parecía un hombre de otro tiempo: alto y trajeado, sombrero, bigote perfilado y monóculo tapando su ojo derecho. Se abstuvo de participar en la conversación y apenas probó un par de bocados.

domingo, 13 de julio de 2014

'Rebobina': ¡decimoséptima entrega!

Ésta es la penúltima entrega del relato largo 'Rebobina', publicado desde el pasado mes de octubre en Mayhem Revista. Haz clic si te perdiste la anterior entrega, el capítulo 16.

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17
Penúltimos fragmentos de ‘El vuelo del águila, autobiografía novelada de Juan Águila’.
Manuscrito pendiente de publicación.

Revivo el momento. Cuando cierro los ojos siempre regreso a esa noche. Vuelvo a Sevilla, a la Torre Cajasol. Y es que recuerdo cada detalle a la perfección. Es como si estuviese ocurriendo ahora… 14. El tubo fluorescente centellea, arrojando una fantasmal luz azul. 17. Estoy dentro del ascensor que la miríada de obreros utiliza a diario. 19. Subo en silencio. Pronto el rascacielos estará terminado, pienso de repente. 22. Sudor frío. 23. Luz. 24. Planta 24. El elevador se detiene. El siseo hidráulico de la puerta abriéndose precede mi entrada en el piso. Los veo enseguida. Escondido detrás de Luz, la agarra con un brazo mientras con el otro la encañona. Imagino el tacto gélido del arma en su frente y me estremezco.

sábado, 12 de julio de 2014

Crónica: Tinta de Calamaro (Concierto, Fuengirola)

Andrés Calamaro, en el castillo Sohail

La de Andrés Calamaro no fue una noche bohemia, aunque el título de su último trabajo se prestaba a ello. El de ayer, celebrado en un concurrido castillo Sohail de Fuengirola (Málaga), consistió en un concierto festivo, entretenido y sobre todo solvente. A estas alturas, Calamaro no te toma al asalto sino que es la sucesión de canciones, el acumulado del show, lo que te atrapa y perfila la sonrisa de satisfacción con la que vuelves a casa. Porque a día de hoy el músico argentino (AKA el Salmón) sigue siendo tan brutalmente honesto como los tiempos permiten.

jueves, 10 de julio de 2014

Relato corto: Letras

Ulises-Lima-y-Arturo-Belano,-Los-detectives-salvajes

Hace unos días escribí este curioso relato. Se titula 'Letras' y habla de dos jóvenes escritores y el mundillo literario en el que se mueven. ¡Espero que te guste!

A se obsesiona con la idea de que B ha plagiado uno de sus relatos. Ambos son jóvenes y han leído a Monzó, Bolaño y Borges. Ambos escriben en fanzines y publicaciones locales. Mucho los asemeja, tal vez por eso se odian. Cuando A lee el último cuento de B y halla paralelismos con una antigua historia suya, siente que la ira lo consume. Corre a casa de B a hablar con él, pero éste se encuentra fuera. A lo intenta de nuevo varios días más tarde, pero tiene la misma poca fortuna. Al fin coinciden tiempo después. Los dos son invitados para leer en un prestigioso recital literario. Durante la copa posterior, A se acerca a B y le expresa su enfado. B asegura no entender nada. Por supuesto, niega haber plagiado el relato de A. Son completamente distintos, proclama airado. A no queda satisfecho y le promete a B que acabará con su carrera. B se retira a casa y esa noche no puede dormir.

sábado, 28 de junio de 2014

'Rebobina': ¡Decimosexta entrega!


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Antepenúltimos fragmentos de ‘El vuelo del águila, autobiografía novelada de Juan Águila’. Manuscrito pendiente de publicación.

Sin éxito, rebuscaba como un poseso algún resto físico, por minúsculo que fuese, de Elston Gunn y su canción perdida mientras Jaime, sorpresiva figura surgida de entre las sombras del estudio de grabación, me hablaba encolerizado y sus ojos parecían estar a punto de escapársele de las cuencas, como si mi amigo pretendiese de una paliza incrustarme en el tablero de la mesa de mezclas. “¿Pensabas que iba a matar a Luz?”, me preguntaba una y otra vez con furia. “Es lo que me dijiste”, acabé por responderle. “Eres un maldito capullo, Juan, ¿me oyes?”, y claro que lo oía y, al igual que yo, medio vecindario debía de estar escuchándolo. “Es importante lo que hago aquí, baja la voz, por favor”, temía que aquel escándalo diese al traste con mi incursión nocturna en los estudios Caracol, ubicados en pleno corazón de Sevilla.

miércoles, 18 de junio de 2014

Dust bowl


Desde este lado del charco supo de Townes Van Zandt cuando Van Zandt ya no era Van Zandt y llevaba más de una década muerto. Aun así, el impacto resultó demoledor, cambió su vida de la noche a la mañana. Una madrugada, él mismo me lo contó, por casualidad oyó cantar al tejano y quedó sobrecogido. En sus letras esculpidas en piedra, decía, discernió algo que no podía explicarme con palabras. A partir de este hallazgo mi amigo se decidió a hacerse con su obra al completo. Visitó entonces cada una de las tiendas de discos de la provincia. Como casi todos sus álbumes se encontraban descatalogados, recurrió a locales de música antigua y de segunda mano.

lunes, 16 de junio de 2014

'Holy-Wood' ('Palosanto'/Bunbury)


‘Sí’, Bunbury, ese ‘aragonés errante’ que, a fuerza de ser ‘de todo el mundo’, pasea su sombrero ‘extranjero’ lleno de ‘canciones tristes’ por medio ‘Planeta-Sur’, ha vuelto a atraparnos en su mágico ‘anzuelo’. Con la publicación del extenso y doble ‘Holy-Wood’ (AKA ‘Palosanto’), el vocalista de Héroes del Silencio ha dado un paso más en su eterno ‘cambio y celebración’. Cada parada que Enrique realiza en ‘su viaje a ninguna parte’ retuerce más y más el ‘plano secuencia’ musical y caleidoscópico que traza la trayectoria de Bunbury.

sábado, 14 de junio de 2014

'Rebobina': ¡Decimoquinta entrega!


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Conversación telefónica mantenida con Lucía Zamora.
Agosto, 2013.

“¿Me dejas que te cuente una historia?”, dijo mientras nos sentábamos en las butacas de su terraza y la luna, frente a nosotros, rielaba sobre un negro mar en calma. “Querida, cuando la hayas oído quizá comprendas por qué te he hecho venir a Málaga y por qué necesito que me ayudes”. Y como el que calla otorga, Amadeo Garrido comenzó a narrar con esa voz de viejito afable tan suya: “Veo una niña de pantalones cortos y gorro amarilla jugando. Su pelo es largo y ondulado, y también moreno. De un lado a otro de la playa, la pequeña corre entre risas y gritos de júbilo. No ha de tener más de tres o cuatro años. Lupa y cazamariposas penden de sus diminutas y blanquecinas manos. Uno de sus ojos, el derecho, se hace enorme, ciclópeo, cuando mira desde detrás del cristal de aumento. Con él observa de todo: conchas y caracolas, piedras de distintas formas y tamaños, algún que otro insecto, y hasta pequeños crustáceos que habitan la húmeda orilla.

viernes, 13 de junio de 2014

Murciélagos


Murciélagos se descuelgan de los aleros bajo los que contrajimos matrimonio. Cruje la putrefacta madera de los bancos. Aquella mañana llegaste con flores en el pelo. Brillaba el sol y ojos de todos los colores se giraron a verte pasar. Nos cogimos de la mano. Dijiste que sí aunque ahora ya no importe. El tiempo ha ido borrando quienes éramos. Tus ideas, tus palabras y hasta tu voz me son desconocidas. Cuando nos veo atrapados en las sombras, fantasmas todavía vivos, no niego mi culpabilidad aunque, como canta Tom Waits, sólo eres inocente cuando duermes. 


martes, 10 de junio de 2014

Y...


El vaquero y su plateado revólver abatieron al indio y éste se desplomó dejando caer su hacha afilada y los espadachines cruzaron el filo de sus espadas e intercambiaron estocadas y de sus heridas brotó blanca sangre de papel y la blanca ballena también sangró cuando el aguijoneado arpón se incrustó en su lomo y su dolor se reflejó en las aguas como el reflejo de Alicia le llegó desde el espejo antes de caer por la madriguera del conejo hacia un mundo imposible al igual que, pese a lo imposible, el cohete aterrizó en la luna y antes el submarino había horadado los gigantescos confines de 20.000 leguas oceánicas y los gigantescos molinos se habían enfrentado al cruzado caballero y los más escabrosos crímenes habían sido resueltos por la mente más inteligente de su caballerosa época, una época posterior al descubrimiento de una isla que albergaba un tesoro, que era pirata y estaba compuesto de piezas y monedas de oro y se hallaba bajo tierra, desenterrado como aquel escarabajo, también dorado y casi olvidado, como todo lo anterior, que ocurrió entre los polvorientos y desordenados estantes de una vetusta librería.

viernes, 6 de junio de 2014

Fútbol


Fue él mismo quien me confesó que si no hubiese sido por las retransmisiones de los partidos jamás se habría animado a entrar en mi bar. Me lo dijo, parece que fue ayer, mientras daba los últimos sorbos a su taza de café; le gustaba beberlo con muy poca leche. Era escritor, aunque esto lo descubrí más tarde. Al principio, únicamente sabía que se trataba de una persona callada y desgarbada, de ojos claros como el agua y gesto fatigado, acentuado por su extremada delgadez. Venía al bar cada vez que había fútbol y se sentaba solo en una mesa alejada del televisor, pero desde la que pudiese ver bien la pantalla tras el cristal de sus grandes gafas. Ahí se pasaba en silencio las dos horas siguientes, mirando concentrado los lances del juego, con cara de melancolía, como si sobre sus hombros sostuviese el peso del mundo, y eso que no debía de contar más de treinta y tantos años, unos cuarenta menos que yo. Durante el partido, apenas cambiaba de postura salvo para dar un sorbo a su taza de café o a su cerveza, si el encuentro se disputaba de noche.

sábado, 31 de mayo de 2014

'Rebobina': ¡Decimocuarta entrega!


14
Extracto de un correo electrónico enviado por Alejandro Gutiérrez.
Julio, 2013.

He decidido poner el punto final a este mensaje repitiendo que me llamo Alejandro Gutiérrez y escribo crítica de cine. Permítanmelo, es mi forma de realizar un guiño al modo en que inicié estas líneas; sí, ya me hago homenajes, parezco un director con ínfulas. Pero no desesperen, queridos narratarios, aún me quedan algunos acontecimientos que referir. Se lo prometí a mi amigo. Tan solo quería avisarles, jamás he pretendido mentir, de que éste será mi último capítulo en la historia que sus ojos leen.

viernes, 30 de mayo de 2014

'Bombillas' y 'Tiburón', ¡dos microrrelatos!

Bombillas
Empleó media tarde en cambiar todas las bombillas de casa, tanto las fundidas como las que no. Cuando un mar de luz le cegó los ojos, volvió a sentarse junto a su mesa. Cansado pero satisfecho, anotó cada una de aquellas nuevas ideas.


Tiburón
Ojos negros, dientes afilados con los que despedazar a sus víctimas, aleteos cadenciosos en la penumbra; pero sólo era peligroso en medio líquido, de modo que nunca le dejaban acercarse a la barra del bar.

martes, 27 de mayo de 2014

Cuadernos (y parte dos)


Eso dijo: conspiración y Cuadernos. Empezó a hablar y por un instante creí que jamás se callaría: “Bien sabes que durante una racha quise colaborar en la revista Cuadernos y allí se me vetó; le he dado muchas vueltas al asunto, he investigado y ya sé a ciencia cierta el porqué, y creo que tengo los documentos que me ayudarán a probar la conspiración”. Me eché hacia adelante y le pedí calma, que se tranquilizase. El perro percibió mi inquietud y enveló las orejas. “Trabajaste allí, conoces a la gente de la redacción”. “Hace demasiado que dejé la publicación, Fernando, apenas guardo relación con nadie de dentro”, me excusé. Entonces Valverde aseguró que ésa era razón de más para que le ayudase, para que juntos sacásemos a la luz todas las miserias de la revista, para vengarnos. A mí me dio mucha pena oírlo. No pude evitar pensar en el conde de Montecristo, sólo que en su versión más patética y apocada.

sábado, 24 de mayo de 2014

El tren de medianoche


El humo de una locomotora me aleja de la ciudad en busca del sudeste. La luna baña mi memoria mientras dejo el cuerpo caer sobre una montaña de envíos postales. Aún la veo irse vías abajo. Las estrellas le iluminan su camino en la noche. Un instante antes de cruzar el andén me mira con ojos cobrizos. Alza una mano y grita algo que no escucho. El silbato del tren brama y las ruedas comienzan su lento y eterno girar... Me incorporo pesaroso en el vagón de mercancías. De costado, me siento junto al portón. Los campos refulgen tonos fosforescentes. La ciudad queda atrás, luminosa e irreal. Percibo el temblor de un párpado en medio de la maravillosa calma. Lástima que mi corazón no me acompañe en este viaje. Él se quedó en la última estación, viendo partir a la chica de los ojos cobrizos.

*Microrrelato finalista del certamen 'Málaga Crea 2014'.

martes, 20 de mayo de 2014

Cuadernos (parte uno)


En clara huida del mundo, me recluí durante una temporada en un caserón perdido entre los montes, muy alejado de la ciudad donde siempre he vivido. La casa pertenecía a mi familia, por lo que no tuve problema a la hora de instalarme bajo su espartano y deshabitado techo. Llevaba décadas abandonada. No tenía electricidad y había que andar un kilómetro hasta el aljibe más próximo para abastecerse de agua. Sin embargo, nada de aquello me importó. Una tarde preparé llené de ropa la maleta, embalé unos cuantos libros y folios en blanco, y me trasladé hasta allí en coche. Por el camino paré a comprar algunas provisiones y un generador que esperaba enchufar al hornillo portátil. A su vez me hice con un foco de jardín que cumpliría la función de lámpara.

sábado, 17 de mayo de 2014

'Rebobina': ¡Decimotercera entrega!


13
Fragmentos de ‘El vuelo del águila, autobiografía novelada de Juan Águila’.
Manuscrito pendiente de publicación.

Una hora después de haberme deshecho del coche que me había llevado hasta Sevilla, caminaba con paso decidido por las callejas de Triana. Durante varios minutos había intentado comunicarme con Luz sin obtener resultado. Mi desesperación crecía por momentos. Pensé entonces en Jaime y traté de imaginarlo en alguna camilla de urgencias. De nuevo con el móvil pegado al oído, pregunté por él en el hospital de Osuna. Esa noche no habían recibido ningún paciente por cortes o heridas en la cabeza. El siguiente pasaje de esta historia ocurrió en parte por culpa de Jaime o, al menos, él estuvo involucrado en los hechos que lo hicieron posible, en el origen, por llamarlo de alguna forma. No me agrada recordarlo, mucho menos contarlo. No quiero pero he de hacerlo y poner los antecedentes sobre la mesa para que se entiendan mis acciones. Así que, allá va.

viernes, 16 de mayo de 2014

Extraños en un tren


Reconozco que, enjuto como era, no me fijé en él durante los primeros compases de viaje. ¿Y qué espera? ¿Me lo reprocha? Él estaba ahí, sentado, y yo tenía muchas cosas en la cabeza. Soy un hombre ocupado. Usted no se pone en mi lugar. Ahora resulta muy sencillo ver las señales de alarma. Resulta sencillísimo decir “tuvo que darse cuenta” o “debió haberlo visto venir” y un largo etcétera, pero su juicio no es justo, para nada; uno ha de retrotraerse, uno tiene que ponerse en la piel de los pasajeros del vagón. Póngase en la mía, detective. Hágame el favor. Trate de imaginarse por un momento que es su compañero de asiento. ¿Podría haber anticipado una reacción tan carente de lógica? La respuesta es no, un rotundo no. Se lo garantizo. De modo que tenga paciencia, se lo ruego. No me atosigue ni me amenace. No pretendo callar nada, tampoco persigo entorpecer una investigación policial. Soy inocente. Simplemente, necesito tiempo, tiempo para asimilar lo ocurrido, también para recordar. Busco dentro de mi cabeza alguna evidencia que pueda serle útil, pero cuesta, me cuesta horrores.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Fuera de la mente


Fuera de la mente te eché de menos. Iluminado por la sonrisa de una luna austral, apagué el motor enfrente de tu casa. El humo del último cigarro se elevaba dentro de danzantes volutas cuando en la radio comenzó a sonar la versión electrificada de una antigua canción folk. Las estrellas celestiales centelleaban con tanta fuerza que entorné los párpados. Me apeé del coche al tiempo que las últimas notas del estribillo escapaban de los altavoces. Dejé la portezuela del conductor abierta y franqueé la pequeña valla que circunvalaba tu parcela, y sí, te eché de menos.

viernes, 9 de mayo de 2014

Odio los lunes


No, no te alarmes. Esa sirena que escuchas procede de la ambulancia que me lleva con premura al hospital. Y, de hecho, si concentras toda tu atención, también oirás el eco de la sirena del coche de la Guardia Civil que nos escolta y franquea el paso entre el caótico tráfico del mediodía. Tumbado bocarriba sobre la incómoda camilla, pregunto con voz cansada al médico qué me he roto. Él me observa y permanece callado unos segundos, entonces recuerdo de forma repentina cuánto odio los lunes y he de reconocer, he de reconocerme, en realidad, que los percances de la jornada no han influido en mi resentimiento sino que mucho antes, esta misma mañana, cuando salía de casa, ya gastaba un humor de perros…

martes, 6 de mayo de 2014

'Rebobina', ¡entregas 7-12 + Bonus Track!

Publicado en la revista Mayhem:

"Se acabó la espera. Sabemos que sois muchos lo que preferís esperar a tener todas las entregas en un mismo documento para leer tranquilamente Rebobina. Para vosotros y para los lectores que fielmente os encontráis con Juan Águila y compañía cada dos semanas, pero queréis repasar las entregas o simplemente guardarlo de recuerdo, aquí tenéis las últimas seis entregas recopiladas. Además, de regalo, un cuento inédito con Juan Águila de protagonista: “Odio los lunes”. No tenéis excusa para no leer Rebobina.

Podéis descargarlo para vuestro ebook o Kindle o leerlo y descargarlo en PDF a continuación.La próxima entrega de Rebobina llegará a Mayhem el 17 de Mayo. Tenéis hasta entonces para poneros al día."


¡Haz click, descarga y lee!

martes, 22 de abril de 2014

Lecturas


Hace algún tiempo una grave lesión de espalda me obligó a pasar una larga temporada ingresado en el hospital. Al principio, recibía muchas visitas de familiares y amigos pero, a medida que mi estancia se prolongaba y no me concedían el alta, el número de interesados en mi estado de salud empezó a escasear y, finalmente, despareció por completo. Pasaba los días solo, tumbado en aquella cama. Apenas podía moverme a causa del dolor. Compartía habitación con un hombre de mi edad que se encontraba peor que yo, aunque no se quejaba. Para soportar los fuertes dolores se hallaba casi siempre sedado, por lo que dormía, no hacía otra cosa que dormir, mientras a mí me asfixiaba el aire condensado entre esas blancas paredes.

sábado, 19 de abril de 2014

'Rebobina': ¡Duodécima entrega!


12
En casa de Bepo (y II). Material grabado.
Verano de 2013.

No, déjelo. No necesito que me diga nada más. El sagaz Bepo ya tiene información suficiente para rellenar los huecos de su historia. Con los ojos cerrados puedo vislumbrar sus próximos pasos y también percibo sus errores, tanto los pasados como los futuros... La historia al completo resulta un desbarajuste. La canción perdida de un artista, el mejor, tristemente muerto y un imbécil. Así podría resumirse toda la cuestión. Esos son los parámetros de la ecuación. Porque Águila no es más que un zote, un botarate, un incompetente, un atolondrado insecto, un arlequín asilvestrado, un gigantesco mamón con tendencia a la pedantería, una mierda con ínfulas de perfume… Y podría seguir. Pero por muchos calificativos que le dedicase al gafotas de Juan no cambiaría el hecho de que se quedó con usted.

jueves, 17 de abril de 2014

Trazas


Trazas líneas de carboncillo. Al principio, inconexas o muy crípticas, ya luego empiezan a cobrar forma y puedo intuir curvas y espacios angulosos, y aquello se parece a un frondoso árbol, lo otro me hace pensar en una pareja; sí, una pareja, ella y él sentados junto al curso de un río o arroyo que serpentea y se pierde entre requiebros lejanos. La ruta brota de tu grácil mano. Yo recorro un brazo bronceado. Miro tus ojos, que miran algo entornados, tan concentrados que parecen ver más allá del papel y diría que hasta leen la parte de atrás del mismo, el envés de la hoja.

Mientras dibujas la lengua te asoma entre los labios en un gesto bobo, conformando una mueca de entrañable determinación, como cuando una niña se esfuerza mucho en una tarea, y eso me permite observar tu yo pretérito, aquel que jamás conocí pero que ahora adivino. Algunos tics nos retrotraen largo tiempo atrás.

Absorto, imagino que los dos estamos hechos de carboncillo y que no sólo lo que esbozas en la blanca realidad del papel se nos parece, sino que realmente somos nosotros los protagonistas de tu boceto, que habitamos allí dentro, junto al río o arroyo, atrapados en límites bidimensionales. Y sé que a ti no te importa nada de lo que comento. Y sé que me ignoras porque prefieres continuar pintando. Pero es que tus movimientos resultan cada vez más feroces y guías una mano que se esmera en perfilar los detalles que tus hermosos ojos anticipan, o eso quiero pensar yo, que me acurruco a tu lado mientras cierro los míos.

Llegan con nitidez a mis oídos los golpecitos del lápiz contra la lámina. Es el ruido que siempre haces cuando trazas tus difusos fantasmas de carboncillo, esas siluetas condenadas a la invisibilidad y al olvido, la más cruel de las pérdidas. Me temo que lentamente tus dibujos, al igual que nosotros, se irán borrando. Aventuro que terminarán por desvanecerse, que se convertirán en corpórea nada. No te aflijas, aún queda mucho. Y lo sé porque, acurrucado a tu vera, con los ojos cerrados, siento y oigo como trazas sobre la celulosa, veo todo aquello que no ves, y también percibo, a mi nariz llegan, las trazas de tu perfume, quizá lo único verdaderamente imborrable.