viernes, 16 de diciembre de 2016

Llama

Ya va a colgar, pero no cuelga. No va a decirlo, pero al final lo dice: “¿Cenamos una noche?” Como respuesta, pregunta: “¿Que qué?” Casi repite: “¿Quieres cenar un día?” El silencio calla toda la línea. Por una rendija muy minúscula, apenas la nada, él cree (o sueña) oír: “Vale”, con una voz que se marcha... Repentina, regresa: “Ponme un wasap luego”. Se dicen: “Adiós, adiós”. También: “Un beso, un beso”. Entonces sonríen. Y, entonces, cuelgan. Aunque él todavía sostiene unos segundos el teléfono. Sólo la ha visto en foto, tan concentrada en su tarea; pero imagina cómo al otro lado del hilo las gafas se han debido de sorprender nariz abajo. Quizá quedando cerquita de ese mechón ondulado, más bien rizado (piensa mejor), que le acaricia una mejilla tersa, ruborizada, sobre la que no podrá escribir en su texto del periódico.    

lunes, 12 de diciembre de 2016

Niebla intrusa

Nos dejamos la puerta abierta y esta niebla se ha colado en casa, devorando la cocina entera, borrando más de medio salón y hasta desbordando todo el cuarto de baño. Mi habitación se ha perdido (o escondido) entre dos nubes. En el pasillo, la garganta de vapor tose. Y la puerta se cierra.

domingo, 11 de diciembre de 2016

re-noir

Al menos una noche por semana, le gusta ir a los cines Renoir y ver esa película que nadie más verá. Independiente o clásica, o quizás ambas. Cintas que terminan felices. Que a veces acaban fatal. Algunas, incluso, parecen no tener FIN. Como cuando de madrugada, fuera del penúltimo bar, ella me pregunta por nuestro desenlace. Todo Madrid, entonces, a un solo beso de fundirse a negro. 

martes, 6 de diciembre de 2016

Les nuits blanches

Cuando en las noches de frío no puedo dormir, me asomo a la ventana y charlo con la chica del octavo C. Que, también algo insomne, calado hasta los ojos ese gorrito de lana amarilla, espera la nieve envuelta en palabras y vaho. Y al caer los primeros copos, ella atrapa uno con ambas manos. Sonriente, me lo enseña. Quizás ahora pueda dormir, me dice. Quizá también yo.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Bye bye, Nico!

Nico no quiere ser campeón del mundo. O quizás, ahora que por fin se ha quitado el mono, quiera serlo para siempre. Porque siempre quiso ser como Keke. Padre e hijo, saga de campeones del mundo. Y la pequeña Alaïa que ya da sus primeros pasos por casa Rosberg. Pronto correrá.