domingo, 12 de marzo de 2017

Hasta mañana

Sara sube al 27 en Rubén Darío y ya se baja, de la mano de Botero. No tenemos mucho tiempo. Apenas tres paradas y dos semáforos esculpidos todo al rojo. Como el jersey que viste Sara esta mañana que le cedo ventana para ver qué ve por encima de sus grandes ojeras de ojos grandes, aún casi dormidos. “¿Mala noche?” “Pero peor día”. Y como cada día, de lunes a viernes, sonreímos hasta que, no sé... De repente, las piernas quieren rozarse y los pies, tan sólo escapar. Es la próxima, anuncia el autobús. Bajo el sol de marzo, Botero que nos saluda. Y nos despedimos: hasta mañana.

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